La espondilodiscitis es una entidad clínica grave que representa la infección concomitante de las vértebras (espondilitis) y de los discos intervertebrales (discitis). Aunque históricamente se consideraba una enfermedad poco frecuente, su incidencia ha mostrado un aumento progresivo en las últimas décadas debido al envejecimiento de la población, el incremento de las cirugías espinales, la prevalencia de enfermedades crónicas inmunosupresoras y la mejora en las técnicas de diagnóstico por imagen.
Esta patología constituye una urgencia médica y quirúrgica que, de no ser detectada a tiempo, puede derivar en deformidades óseas permanentes, déficits neurológicos severos o sepsis sistémica.
1. Fisiopatología y mecanismos de infección
La columna vertebral es vulnerable a la colonización bacteriana debido a su rica vascularización, especialmente en el hueso subcondral de los cuerpos vertebrales.
Debido a la falta de riego sanguíneo directo en el disco, el sistema inmunitario tiene dificultades para combatir la infección, lo que permite que el microorganismo prolifere, degrade la matriz del disco y comience a erosionar el hueso vertebral. Esto puede llevar al colapso de la vértebra y a la formación de abscesos epidurales, los cuales pueden comprimir la médula espinal y generar parálisis.
Existen tres vías principales por las cuales los patógenos alcanzan el espacio disco-vertebral.
- Vía hematógena. Es la más común (60-80% de los casos). Los microorganismos viajan a través del torrente sanguíneo desde un foco distante, como una infección urinaria, una endocarditis bacteriana, una infección respiratoria o el uso de drogas por vía intravenosa.
- Inoculación directa. Ocurre tras procedimientos invasivos como cirugías de columna, bloqueos epidurales, punciones lumbares o traumatismos penetrantes.
- Contigüidad. Infecciones en tejidos blandos adyacentes (como un absceso del psoas o una infección retroperitoneal) que se extienden hacia la estructura ósea.
A diferencia del hueso adulto, el disco intervertebral es avascular, lo que lo convierte en el lugar favorito para las bacterias, ya que el sistema inmunitario y los antibióticos tienen dificultades para alcanzar concentraciones terapéuticas en su interior.
2. Etiología: Los agentes causales
La espondilodiscitis es, como se ha mencionado anteriormente, en la gran mayoría de los casos, de origen infeccioso. El perfil microbiológico de la espondilodiscitis es variado, pero ciertos patógenos predominan según el contexto clínico.
- Bacterias piógenas. Staphylococcus aureus es el agente responsable en casi el 50% de los casos. Otros culpables frecuentes incluyen Escherichia coli (común en ancianos con infecciones urinarias) y especies de Streptococcus.
- Enterobacterias (como coli). Frecuentes en pacientes con infecciones urológicas previas.
- Tuberculosis (Mal de Pott). Aunque es menos común en países desarrollados, la espondilodiscitis tuberculosa sigue siendo una causa importante de morbilidad a nivel global, caracterizándose por una destrucción ósea lenta y la formación de grandes abscesos fríos.
- Infecciones fúngicas. Generalmente limitadas a pacientes con inmunosupresión severa, como quienes presentan condiciones especiales, como VIH/SIDA, quimioterapia o trasplantes.
3. Manifestaciones clínicas y el retraso diagnóstico
El síntoma cardinal es el dolor de espalda inflamatorio, que consiste en un dolor persistente, que no cede con el reposo y que suele empeorar durante la noche. Sin embargo, la espondilodiscitis es conocida por su diagnóstico tardío, que suele demorar entre 2 y 6 meses desde el inicio de los síntomas.
- Fiebre. Presente en menos del 50% de los pacientes, lo que puede confundir al clínico.
- Síntomas neurológicos. Radiculopatía, debilidad en extremidades o pérdida de control de esfínteres si existe compresión medular por un absceso epidural.
- Limitación funcional. Rigidez extrema de la columna y espasmos musculares paravertebrales.
4. Diagnóstico. El estándar de oro
Para un manejo exitoso, el diagnóstico debe ser multidisciplinario.
Pruebas de laboratorio
El aumento de la Velocidad de Sedimentación Globular (VSG) y de la Proteína C Reactiva (PCR) es casi universal. Los hemocultivos son positivos en el 40-60% de los casos y deben realizarse antes de iniciar cualquier antibiótico.
Diagnóstico por imagen
- Resonancia magnética (RM). Es la técnica de elección debido a su alta sensibilidad (96%) y especificidad (92%). Permite visualizar el edema óseo, la destrucción del disco y la presencia de abscesos epidurales o en el músculo psoas de forma precoz.
- TAC y gammagrafía. Útiles cuando la RM está contraindicada por la presencia de marcapasos o implantes ferromagnéticos.
Biopsia percutánea
Si los hemocultivos son negativos, es imperativo realizar una biopsia del disco o del hueso guiada por TAC para identificar el germen y determinar su sensibilidad a los antibióticos.
5. Tratamiento. Un enfoque conservador vs. quirúrgico
El objetivo del tratamiento es erradicar la infección, aliviar el dolor, mantener la estabilidad de la columna y prevenir secuelas neurológicas.
Tratamiento médico
- Antibioterapia prolongada. Se inicia de forma empírica, generalmente con vancomicina y una cefalosporina de tercera generación, y se ajusta según el antibiograma. La duración suele ser de 6 a 12 semanas.
- Inmovilización. El uso de corsés ortopédicos es común durante las primeras semanas para reducir el dolor mecánico y prevenir deformidades mientras el hueso sana.
Tratamiento quirúrgico
La cirugía no es necesaria en todos los pacientes, pero es vital en las siguientes situaciones.
- Déficit neurológico agudo o progresivo.
- Inestabilidad de la columna vertebral debido a la destrucción ósea masiva.
- Presencia de abscesos que no responden al drenaje percutáneo.
- Fracaso del tratamiento médico, lo que permitiría persistencia de dolor o marcadores inflamatorios elevados.
Las técnicas modernas incluyen la desbridación mínimamente invasiva y la instrumentación, que consiste en la colocación de barras y tornillos para estabilizar la columna, incluso en presencia de infección activa, siempre que se acompañe de una limpieza exhaustiva.
6. Pronóstico y posibles complicaciones
Con un diagnóstico temprano, el pronóstico es favorable en el 80% de los pacientes. Sin embargo, la mortalidad aún ronda el 5% debido a las comorbilidades de los pacientes.
- Cifosis post-infecciosa. Una curvatura anormal de la columna que causa dolor crónico y problemas estéticos.
- Dolor crónico. Debido a la fusión espontánea de las vértebras o cambios degenerativos acelerados.
- Recurrencia. Especialmente en pacientes con focos infecciosos no controlados o mal cumplimiento del tratamiento.
Con un diagnóstico temprano, el pronóstico es favorable. Sin embargo, la mortalidad aún ronda el 5% debido a las comorbilidades de los pacientes. Las secuelas más comunes incluyen dolor crónico residual y limitación de la movilidad en el segmento afectado.
La espondilodiscitis es una patología compleja que requiere un alto índice de sospecha clínica ante cualquier dolor de espalda inusual, especialmente en pacientes con factores de riesgo. La clave del éxito radica en el diagnóstico microbiológico preciso y en la paciencia terapéutica, dado que la recuperación ósea es un proceso biológico lento. La integración de la medicina interna, la infectología y la cirugía de columna es esencial para devolver la funcionalidad al paciente.
Fuentes:
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